por Carlos Aznárez
2 de marzo 2015
Alejandro Castro Espín es politólogo y Máster en Relaciones Internacionales, además de investigador en temas vinculados a la Defensa y la Seguridad Nacional. Hace pocos días, en la Feria del Libro de La Habana, pudimos conversar con él al finalizar la presentación de su libro “Estados Unidos, el precio del poder”, actividad que se convirtió en acontecimiento debido a la presencia de numerosos dirigentes de la Revolución y de los 5 héroes antiimperialistas.
-Es evidente el imperialismo norteamericano tiene en
estos momentos, tres frentes de guerra abiertos: uno en Ucrania, otro en el
Medio Oriente y el tercero en América Latina. ¿Nos interesa analizar este
último escenario y cuál es su opinión sobre cómo afecta esta ofensiva al
continente?
-Efectivamente son tres ejes
de la política exterior de ellos y en particular, en América Latina están hoy
utilizando la agresión a Venezuela como el epicentro de la acción de estas
élites de poder que lo que desean es retrotraer a ese país antes de Chávez, a la calamidad de nación que tenía récord
de precariedad social. Esa era Venezuela
hasta que Chávez llegó al poder y cambió de manera brusca estos índices. EEUU
quiere presentar a un país fracasado desde el punto de vista político, y no es
así. La Revolución Bolivariana tiene resultados importantes en diversos
parámetros sociales. Es una nación que está siendo agredida a partir de las
nuevas herramientas que el imperio está utilizando, como las nuevas tecnologías
y el poder mediático.
-Qué me puede decir en ese sentido de los otros dos
ejes de conflicto?
En Ucrania están repitiendo
el episodio de lo que hicieron con
Yugoeslavia en la década del 90, buscando en primera instancia acercar
la frontera a Rusia. Luego, dividir el esfuerzo de aquellas naciones que en
definitiva buscan un mundo multipolar y que plantean que no puede haber ninguna
asociación militar como la OTAN que atacan a otras naciones y provocan grandes
calamidades vía la guerra.
En el Medio Oriente, el
imperio proyectó acceder a los recursos económicos y energéticos que tiene una
región que siempre desearon dominarla desde el punto de vista geoestratégico.
La forma de poder justificar la presencia, como en otro momento hicieron en
Iraq, invadiendo con la excusa de buscar armas de exterminio que nunca
aparecieron. Así lograron subvertir y luego colapsar naciones, como es el caso de Libia y ahora lo están
intentando en Siria. En este último caso hay una actitud diferente de la
comunidad internacional y una firme decisión de Rusia, a la que luego se sumó China, que evitaron que se aplicara en ese caso la
misma receta que sufrió Libia. También
se han abierto otros foros de discusión mundial, como es el caso de los Brics,
pero también influyen países como la India, Sudáfrica y Brasil, que se han
convertido en un contrapeso de la balanza del poder mundial.
-En ese marco está lo que se ha dado en llamar
flexibilización de las relaciones EEUU-Cuba. ¿Cómo analiza este nuevo tiempo?
-Nosotros, como todo cubano, como todo latinoamericanos
y diría que como lo hizo gran parte de la humanidad, hemos meditado sobre este
acontecimiento. Preguntándonos en qué medida esto va a suponer un verdadero
cambio de las relaciones entre los dos países, y si los intereses de los dos
pueblos, cubano y norteamericano, se van a hacer realidad. También, en qué
medida, los que se oponen a este esfuerzo van a seguir insistiendo en
entorpecerlo y dañar las relaciones entre dos naciones, que independiente de
diferencias políticas o económicas, deben respetarse y vivir en un marco de
comprensión y entendimiento. Las diferencias persistirán, como ha dicho el
Presidente Raúl, ellos no van a cambiar sus concepción ni nosotros tampoco. De
lo que se trata, es de poder convivir con las diferencias y poder relacionarnos
de manera civilizada.
-Sin embargo, eso parece difícil con un imperio como el del que estamos
hablando.
-Esto quiere decir que no estemos conscientes de los
riesgos que supone. A más de dos meses del anuncio conjunto entre los dos
presidentes, el bloqueo sigue intacto como hace más de 50 años. Lo cierto es
que en términos prácticos nada ha cambiado. Sólo se ha expresado una voluntad
política. En el caso de Cuba nada tiene que cambiar porque hemos sido nosotros
los agredidos. Cuba ha defendido a su sistema político, a su Revolución y su
pueblo, en las condiciones más adversas. De esta manera ha ganado respeto de la
comunidad de naciones, sin embargo la actuación del imperio norteamericano con
respecto a Cuba es bien conocida. ¿Eso cambiará? Entendemos que aquellas
fuerzas que se oponen y están detrás del escenario intentando afectar a esta
Revolución, y que son bastante poderosos, deciden en la política
norteamericana, y por lo tanto no subestimamos su actuación. Si hay
dificultades, las afrontaremos como lo hemos hecho siempre, pero ojalá se
imponga el raciocinio de aquellos que están favoreciendo una relación más
constructiva.
-Usted no ignorará que hay sectores de la izquierda
latinoamericana y europea, que no ven con buenos ojos los recientes cambios en
Cuba. Son los que afirman que este proceso revolucionario involucionará hacia
el capitalismo. ¿Qué opina de estos dichos?
-Tengo una percepción clara
que en este país conocemos bien lo que es el capitalismo. Cuba vivió 60 años
del capitalismo más atroz. Después de la guerra cubano-hispano-norteamericana,
que no fue más que una actitud oportunista, de rapiña de las elites de poder
para injerirse en la contienda de los independentistas cubanos, que habían
triunfado sobre las fuerzas militares españolas, y las había empujado al
repliegue. Entonces entraron los norteamericanos con la intención de convertir
a Cuba en una colonia y duraron 60 años. Las experiencias de ese capitalismo en
nuestra nación significó, desde el punto de vista social y económico un atraso
de magnitud. Todo se decidía en Washington hasta que llegó la Revolución y
logró, durante estos 56 años, superar esos aspectos nefastos del capitalismo.
Ir atrás, entonces, es la
opción que nuestros adversarios quisieran, y que nuestro pueblo no escogerá
jamás. Si hemos afrontado en más de cinco décadas esta lucha, en muchos
momentos bastante aislados, como en los 90, ahora, que tenemos un gran apoyo internacional
producto de nuestra resistencia, menos aún. La solidaridad internacional tuvo
un peso específico en que Cuba estaba haciendo lo que deseaba. No puede
sostenerse este sistema político si no es altamente democrático y de gran
reconocimiento popular.
¿Involucionar al capitalismo?
No, no es ninguna opción, simplemente la ilusión de aquellos que piensan que
podría pasar. Nosotros pensamos que hay muchas experiencias positivas y creemos
que no hay que copiar ningún modelo, sino actualizar nuestra economía, y lo
estamos haciendo desde nuestra experiencia. No quiere decir que no tengamos en
cuenta otros puntos de vista, positivos y negativos
-Refrésquenos cómo se decidieron los cambios actuales
en la Isla.
-Fueron decididos en un Congreso del Partido, pero
que fue precedido por una enorme consulta popular en la que participaron casi 9
millones de cubanos, de 11 millones que somos. La decisión absoluta de consenso
fue alrededor de los 313 lineamientos de la política económica y social del
partido de la Revolución que hoy estamos aplicando. Es la actualización para
cumplir en Cuba un socialismo próspero y sustentable, que es a lo que
aspiramos.

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