Por Carlos Aznarez / 26 de junio de 2015 – Una ráfaga de viento fresco que
se lleva consigo todas las impurezas. Así son las grandes
manifestaciones de protesta que han emprendido en Chile, en Argentina,
Paraguay, Uruguay y Colombia, los jóvenes estudiantes de la Patria
Grande.
Irreverentes, audaces, imaginativos, valientes,
miles de chicos y chicas de universidades y colegios secundarios corren
por las calles, construyen performances artísticas, esgrimen pancartas
en las que están escritas sus ideas de darlo vuelta todo para que
la educación pública no sea arrasada por los privatizadores de siempre,
golpean con fuerza sus tambores, bombos, redoblantes, hacen sonar pitos
y cornetas, anuncian que son portadores de la libertad que los adultos
les niegan a cada paso.
En Chile, ganan la calle por una
educación sin lucro, impuesta por los respectivos gobiernos de la
Concertación incluidos los dos períodos de la “progresista” señora
Bachelet, o por la derecha de Sebastián Piñera. Ambas gestiones, no sólo
coincidieron en programas económicos sino en cómo acorralar las ansias
educativas de los que están llamados a ser –por lógica generacional- sus
enterradores ideológicos.
Para frenarlos en su efervescencia rebelde, les
mandan una y otra vez los carabineros pinochetistas, esos mismos que con
el Ejército fascista le cortaban las manos a otros jóvenes como estos
en el Estadio Nacional. Pero los “cabros” de ahora les plantan cara a
los chorros de agua tóxica que lanzan sus camiones hidrantes, o pelean
cuerpo a cuerpo contra esos criminales a sueldo que disfrutan
destrozando cabezas o disparando a matar balas de goma o de plomo.
Provocan admiración estos muchachos y muchachas
cuando, por defender sus banderas, no aflojan en la pulseada contra la
jauría uniformada, o cuando le arrojan a estos represores con todo lo
que tienen a mano, en combates desiguales y no menos heroicos.
En Buenos Aires, los secundarios, con su
adolescencia a cuesta, también se han visto obligados, como ocurriera en
años anteriores, a pelear por sus demandas en las calles.
Enfrentan a dos gobiernos que no los tiene en
cuenta: por un lado, el del derechista Mauricio Macri, que cree que toda
la Ciudad es un gran shopping al que se puede llegar por bici-senda. El
mismo sujeto que satura los barrios con globitos amarillos y manda a la
policía metropolitana a echar a los que no tienen casa y duermen a la
intemperie.
Es el macrismo el que aplica la
NESC (Nueva Escuela Secundaria de Calidad), que provoca la degradación
de los títulos, el despido de los docentes que dictan las materias
recortadas, la falta de edificios adaptados a este modelo educativo. Se
llegan a superponer dos turnos diferentes en un mismo colegio; faltan
aulas, sobran ratas y otros roedores.
A esto, se le suma –lo cuentan
los propios integrantes de la Coordinadora Estudiantil de Base- la línea
telefónica que sacó el partido de Macri (el PRO) para recibir
“denuncias” anónimas a quienes desarrollen actividades políticas en los
colegios secundarios. Nada más apropiado para un gobierno que se precie
de “demócrata”, que convocar a la delación vía el 0800, o avanzar hacia
la regimentación política de los Centros de Estudiantes.
Lo mismo se puede decir del
reglamento de vestimenta (especialmente para las mujeres), o los
problemas que se tienen desde hace años: la falta de edificios
(especialmente en la zona sur), el cierre de cursos, un presupuesto muy
bajo para la educación pública, mientras se subsidia la privada y la
mayoría de las escuelas existentes necesitan ser arregladas. Ni que
hablar de que aún no se aplicó la Ley de Educación Sexual Integral de
manera transversal en los colegios, algo que también los chicos han
incluido en sus reivindicaciones.
En el mismo andarivel de la protesta, esta
apunta al gobierno de la Nación, cuyos funcionarios están más
preocupados en atender las internas electorales que prestar atención a
los que ellos llaman en campaña “el futuro del país”.
Con cortes de calles céntricas y más de 13
colegios tomados durante varias semanas, los secundarios capitalinos
demostraron que sólo la movilización sirve para ganar en auto-estima y
vencer presiones y miedos del discurso que llega desde el poder.
Rechazan de esta manera el “no se puede”, “no les conviene porque van a
perder el año”, “tengan cuidado de que no los usen los partidos de
izquierda”.
Así, desafiaron a las patotas que se acercaron a
amenazarlos a los colegios ocupados y en algunos casos quemarles sus
pancartas, resistieron a las jugarretas de algunas autoridades escolares
que descaradamente llamaron y dejaron entrar policias y hasta
patrulleros a alguno de los colegios, y una y otra vez se encontraron
ruidosamente en la calle, con la alegría propia de los que saben que
están peleando colectivamente por reivindicaciones que vienen de muy
lejos.
“Defendemos la educación pública que los
gobiernos entregan y bastardean día a día , luchamos con todas nuestras
fuerzas para que los compañeros y compañeras no emigren a colegios
privados”, dijo uno de los secundarios de “La Simón Bolívar”, una de las
organizaciones que motorizan el conflicto.
Son maravillosos estos chicos y jóvenes que dan
la batalla para que no les roben sus sueños. Allí puede vérselos en
Chile y Argentina, o enfrentando al gobierno derechista de Horacio
Cartes, en Paraguay, o reclamando ante el cada vez más neoliberal
proceso uruguayo. Ni qué hablar de las muchachas y muchachos de Colombia
que además de sufrir la represión policial son amenazados de muerte por
el paramilitarismo.
Todas ellas y ellos constituyen el recambio
generacional que huye del posibilismo y las frases hechas, se dan fuerza
unos a otras, cuando chocan sus manos en el corte, gritan su bronca o
entonan desafiantes: “A ver, a ver, quien dirigen la batuta, si los
estudiantes o los gobienos hijos de puta”.
Desde la vigencia de su canto revolucionario,
Violeta Parra sonreirá con ganas, vivando a estos “pibes”, “chabones”,
“cabros”, “botijas”, “chiquilines”, “pelados”, “chamos”. Si pudiera
hablarles, seguramente les recomendaría: “No bajen la guardia, no oigan
cantos de sirena, sigan siendo ustedes mismos”.
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